La mayor parte de las reseñas que cualquier consumidor se encuentra en Internet dependen, en su mayoría, de Amazon, Google Reviews y agentes como Trustpilot, Yelp, Tripadvisor, etc.

Algunos de estos contenidos son publicados por clientes insatisfechos o la competencia y, excepto algunos verificados, cada uno se inventa lo que le da la real gana.

El gobierno, en vez de intentar regular al fin un mecanismo para evitarlas, ha aprobado un anteproyecto donde se señala la responsabilidad del empresario en sus reseñas para acreditar que han sido publicadas por consumidores y usuarios que han utilizado o adquirido realmente el bien o servicio.

Por tanto, esto afecta  únicamente a las reseñas y obvia lo que atañe directamente la reputación de nuestras marcas, dejándolas abandonadas. Si Oakley, una célebre pistolera del oeste americano, levantara la cabeza, se enfrentaría con nosotros a Google, Amazon y compañía. Al tiempo, no obstante, vería que poco se puede  hacer, volviendo, de nuevo, a enterrarse.