Esta vez, en Eurovisión, ganó la reputación negativa. En concreto, de la delegación italiana, que fue acusada de consumir cocaína en el propio festival. 

La noticia corrió como la pólvora no sólo en Twitter, sino en toda la red y sistemas de mensajería desde la madrugada y todo el domingo. 

La lección es que cualquier asunto reputacional de gran impacto, como este, no se puede PARAR. Es imposible. 

Ante una situación similar, imprevista, el equipo de protección reputacional que monitoriza debe advertir que el contenido está teniendo mucho impacto y convocar al comité de crisis. 

En nuestra opinión, para mitigar el impacto (que no la viralidad), los organizadores del concurso podrían haber emitido un comunicado mostrando su postura el mismo domingo por la mañana, a primera hora. 

La comunicación oficial de Eurovisión se produjo el día 24 de mayo a las  18.34, dos días después, cuando las consecuencias se acercaban a la posible impugnación de los resultados del concurso. 

Así que, como lección: Detección, evaluación y gestión de la incidencia, pero rápida,  cuando estamos de subidón, no cuando ya se nos ha pasado la resaca.